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Novela “Atrapa el Momento” por Entregas Diarias. Capítulo 4.

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Capítulo Cuatro.

-No ha habido manera de dejarle en ninguna parte. Y como los viernes por la tarde no tiene colegio…

-Es una monada. ¿Qué edad tienes, Alex?

-Tinco.

El niño muestra su mano derecha muy abierta. Con el índice de la izquierda cuenta los dedos.

-Nno, do, tre, cato y tinco.

-Es un cuentista. Algunas cosas las dice perfectas y otras… ya ves.

María le hace una carantoña al crío. En ese instante entra al departamento Ricardo.

-Buenas tardes.

-Hola Ricardo.

Miriam mira a María.

-Supongo que Luís no vendrá.

-No sé. Ya sabes que no le gusta hacer horas extras.

-Es tan raro. Parece que no quiera promocionarse.

-Es un poco raro. Pero es buena persona. Y un buen compañero.

-Pero no habla mucho de sí mismo, ¿no?- pregunta intrigada Miriam.

-No. Nunca. Yo intento averiguar algunas cosas pero es difícil.

En ese momento aparece Luís. Saluda con la cabeza a las mujeres que están tras el cristal del despacho y le da una palmada en el hombro a Ricardo, que se halla ya sentado a su mesa.

-¿Qué haces tú por aquí?

-Ya ves –responde Luís mientras se sienta-. Me he vuelto una pelota como vosotros.

Miriam y María salen del despacho. Alex va junto a su madre. María se sienta a su mesa mientras Miriam se detiene en pie frente a la de Luís.

-¿A qué se debe el honor?

Luís mira muy serio a Alex. Se levanta y le tiende la mano derecha.

-Hombre. Un empleado nuevo. Y muy joven. Encantado, señor. Me llamo Luís.

El niño ríe entre divertido y tímido y se refugia tras su madre, agarrado a sus pantalones.

María y Ricardo ríen. Miriam se ha quedado boquiabierta, gratamente sorprendida.

-No sabía que te gustaran los niños.

-Yo como de todo –responde Luís. Sus compañeros ríen, incluida Miriam y, por simpatía, Alex.

-Pues se te dan bien, por lo que parece.

-Tengo la desgracia de gustarles yo a ellos.

-Si les dices esas cosas, no me extraña –tercia María.

-En fin. Me has dejado sorprendida apareciendo por aquí.

-Sé que las cuentas de Bilbao y Sevilla urgen.

-Y te has dignado a hacer horas extras.

-Exacto.

-Me parece perfecto ese cambio tuyo de actitud.

Luís mira a Miriam tras las últimas palabras de la chica.

-No he cambiado de actitud.

-Pues es la primera vez que vienes fuera de las horas de trabajo.

-Porque hoy es necesario. Las cuentas de Bilbao y Sevilla son urgentes. Hasta hoy no lo ha sido.

Miriam se arma de paciencia y decide terminar la discusión. Va hacia su despacho.

La tarde transcurre rápida, todos enfrascados en su trabajo, excepto la jefa, ocupada en cuidar de Alex, que, como todos los niños de su edad, no para de moverse y de ir a ver qué hacen Luís, María o Ricardo.

-Alex, estate quieto aquí.

-.Mamá… me aburro –contesta el crío.

-Lo sé, cariño. Enseguida acabaremos y nos iremos a tomar algo por ahí.

-¿Iemo al Kentucky Fried Chicken?

-Sí, hijo… Es increíble. Con lo mal que hablas en tu idioma y lo bien que dices el nombre de esos restaurantes…

El niño ríe. María y Ricardo también, al oír al hijo de Miriam. Sólo Luís permanece impertérrito, ensimismado en su trabajo. Y, como suele ser habitual, el niño se interesa por él más que por los de más.

-Deja a Luís tranquilo, Alex. Está trabajando…

-Kero jugar con él…

Miriam coge al niño en brazos y sale de la sección tras dirigirse de palabra a María.

-Me lo llevo un rato a la sala de las máquinas de refrescos, a ver si le calmo un poco.

 

Luís, María y Ricardo se levantan casi al mismo tiempo. En su despacho, Miriam termina su trabajo también mientras Alex emborrona hojas de papel con los rotuladores de diversos colores que le ha dado su madre.

-Venga, Alex… Termina tu dibujo que nos vamos.

El niño no lo piensa dos veces. Tira el papel al suelo mientras devuelve los rotuladores a su madre, que los guarda en un cajón de su mesa.

-Buenas noches…

Los tres empleados saludan a Miriam antes de marchar, pero ésta sale al umbral de la puerta de su despacho.

-Esperad. ¿Tomamos algo todos juntos?

Los tres se miran.

-Vale –apostilla María.

-Pero sólo un momento. Me espera mi novia para ir de juerga.

-¿Y tú… no venes?

Luís se acerca a Alex que espera su respuesta. Se agacha hacia él con el puño derecho cerrado.

-Levanta mi pulgar.

El niño mira a su madre que asiente. Con su manita derecha y haciendo fuerza levanta el pulgar de Luís.

Al hacerlo, Luís tensa sus dedos índice y corazón a modo de cañón de pistola.

-ìBang! Estás muerto.

Alex se sobresalta primero y ríe nervioso después.

-Vamos –tercia Miriam.

-Ota ve… hácelo ota ve… -insiste Alex a Luís.

 

Ricardo se despide de sus compañeros y sale del bar corriendo. Miriam y María toman unas cervezas y Luís y Alex dos refrescos de cola.

-Mira, mamá, Luís toma lo mimo que yo…

-¿Nunca bebes alcohol? –se interesa María.

-No. Ya me bebí todo lo que me tocaba.

-¿Has tenido problemas con la bebida?

-Yo he tenido problemas con todo –le responde Luís a María.

-Por eso ahora no los quieres –interviene Miriam.

-Mira, mamá… levata mi pugar…

Alex está continuamente haciendo el juego que le ha enseñado Luís.

-Buena la has hecho enseñándole eso…

-Ahora no nos dejará tranquilos –protesta María.

La chica mira el reloj.

-Tendré que irme. Esta noche tengo invitados. Y todavía tengo que hacer la cena.

-¿Algún ligue? –pregunta la jefa.

-Qué va… Familia.

Alex, mientras los demás hablan, se despista y sale a la calle jugando él solo a disparar, con la mano haciendo las veces de pistola.

-Hasta el lunes, entonces…

-Adiós. Y gracias por la invitación.

María sale del establecimiento. Luís mira a Miriam y sonríe.

-Parece que has cambiado tu actitud con respecto a tus esclavos.

Miriam sonríe.

-A veces escucho lo que me dicen.

-Y has descubierto que, a veces, los demás tienen algo de razón.

-Sí… No siempre, pero sí a veces. Alguien muy querido para mí, una tía, hermana de mi padre, que me cuidó muchas veces cuando era pequeña, me decía siempre algo que no he olvidado.

-¿Y qué era?

-“Carpe Diem”. Significa, atrapa el momento.

Y, cuando hablamos tú y yo la otra noche, pensé que tenía que volver a seguir ese consejo.

-¿Y qué significa exactamente?

-Varias cosas… Principalmente que aproveches el instante… Y eso deriva el aprovechar las consecuencias del mismo, o los consejos que te han dado, o… decidir un cambio importante en tu vida a partir de ese momento.

-Mmm… atrapa el momento, me gusta.

De pronto Miriam se da cuenta de que Alex no está con ellos.

 

El coche gira a excesiva velocidad y cuando el conductor ve delante al niño no tiene tiempo de reaccionar.

Si en ese mismo momento no se hubiera lanzado en plancha Luís agarrando con sus fuertes brazos a Alex y lanzándole lejos de sí, el vehículo hubiera arrollado sin ningún género de dudas al pequeño.

Desde la puerta del bar, horrorizada, Miriam ha sentido en los más profundo de su ser la mano fría de la muerte intentando arrebatarle lo más querido.

Después, unos momentos más tarde, cuando el vehículo ha frenado unos metros más allá y su conductor viene hacia ellos, cuando Miriam abraza con la desesperación de quien ha estado a punto de perder a un hijo, al pequeño Alex, su sentimiento vuela unos metros más allá donde yace sin conocimiento Luís que, pese a su velocidad, ha resultado alcanzado por el coche.

 

La ambulancia se lleva a Luís mientras Miriam busca la ayuda de su amiga.

Celia no ha salido todavía esa noche y, al oír lo del accidente, no tiene el menor inconveniente en quedarse con el pequeño Alex.

Taxi a casa de Celia. Protestas de Alex…

-Mami, tero ir contigo…

-Cariño, no puedes estar en el hospital.

-Yo tero ir a jugar con Luís.

Una lágrima se desliza por la mejilla de Miriam.

-Llámame en cuanto sepas algo.

-Descuida, Celia.

-Ese chico te gusta, ¿verdad?

Miriam la mira. Va decir algo pero no contesta. Se marcha.

 

En el hospital, primero, hay confusión. Cuando consigue que la informen, Luís ya ha salido de urgencias.

-¿Con quién debo hablar?

-El doctor Anguera es quien se ocupa de él.

Primer piso. ¿Es usted familia del accidentado?

Pero cuando la enfermera acaba la pregunta, Miriam ya está subiendo por las escaleras.

 

-¿Doctor Anguera?

-Sí…

-Se trata de Luís Falagan, ¿cómo está?

El corazón de Miriam late a toda velocidad.

La chica se dice a sí misma que es por agradecimiento… Luís acaba de salvar de la muerte a su hijo. Pero en el subconsciente sabe que hay algo más.

-El golpe ha sido tremendo. Las dos piernas han recibido de lleno el impacto.

-¿Quiere decir que…?

-Todavía no podemos asegurar nada. Su complexión es muy fuerte. Su vida no corre peligro, pero tiene las piernas destrozadas.

-¿No volverá a andar?

-Depende. Ya le digo que es pronto para saberlo. La recuperación será lenta… y dura.

-¿Puedo verle?

-Sólo un momento. No podrá hablar con usted. Le he administrado un sedante y dormirá unas cuantas horas. Mañana a primera hora le operaremos. Si todo va bien, podrá volver a ser el de antes. Pero, ya le digo, su recuperación será lenta.

Miriam entra a la habitación. Al ver a Luís dormido, siente una ternura especial por aquel hombre. Sus brazos fuertes, su cuerpo perfectamente moldeado… y su rostro, un rostro que tras su apariencia de seriedad y dureza, esconde la mayor capacidad de ternura que Miriam recuerde haber visto en un hombre.

Y los labios. Esos labios únicos capaces de despertar la mayor excitación en el cuerpo de una mujer, de ella, con sólo rozar su piel. Sin poderse contener se agacha sobre el accidentado y posa con suavidad sus labios sobre los del hombre. Con ternura acaricia el rostro dormido.

Cuando se aparta ha tomado varias decisiones. Tiene el deber moral de cuidar de Luís durante el proceso de recuperación.

Y desea hacerlo. A pesar de saber que él se opondrá a recibir su ayuda. Decide también conocer lo más posible de ese misterioso joven que parece no estar interesado en el trabajo, ni en sus relaciones personales, ni en nada.

Y la última decisión, la más importante la toma recordando a su tía. Sabe con seguridad que Luís es el hombre con el que quiere compartir el resto de su vida. “Carpe Diem”: atrapa el momento.