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Novela por Entregas: “El Asesino Educado”, de Martín Hache. Capítulo 1

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PRÓLOGO A “EL ASESINO EDUCADO”

ALGUNOS APUNTES SOBRE LA NOVELA

La historia que el lector tiene en sus manos fue escrita en los primeros noventa. En consecuencia, no se busquen en el texto referencias a ordenadores, teléfonos móviles, iPad y otros aparatos de uso cotidiano en la actualidad, que no se encontrarán, al no existir o no ser habitual su uso entre la población por aquellos años. Sí que se hallará alguna expresión actualmente considerada como políticamente no correcta, pero su autor, ha decidido no cambiar ni una coma del texto primigenio. Pese a ello, el lector que se adentre en la lectura de esta novela la encontrará actual, ya que en sus páginas, aunque sea de manera tangencial, se habla de corrupción política, de crisis financiera y económica y de las demás plagas que parecen azotar diariamente a nuestro país y a otros de nuestro entorno socioeconómico.

Aclarado esto, continuaré diciendo que “El asesino educado” narra la peripecia vital de un criminal en serie. Uno de esos que en un plazo más o menos largo comete tres o más asesinatos, mediando entre ellos un lapso de tiempo en el que el asesino suspende su actividad delictiva para retomar su rutinaria vida diaria.

Eloy Schneider, asiduo lector del diario “El Guardián”, hombre aparentemente normal, tal como vd. o como yo mismo, de apariencia sosegada, que trabaja eficientemente en una empresa como contable, es el protagonista de la acción. Un accidente en el que se verá involucrado, convertirá lo que era simplemente una idea en una obsesión que le abocará a una cruzada contra lo que él considera un cáncer de la sociedad que debe erradicarse. Desde ese momento, para Eloy Schneider “el fin sí que justificará los medios”, y aunque inicialmente el miedo y las dudas parecerán contener la ira que le producen ciertas conductas, finalmente esa ira le hará continuar el camino de terror emprendido hasta que los objetivos que se ha propuesto se vean cumplidos.

Como es habitual en este tipo de relatos en que el crimen se haya presente, en éste aparece un policía que responde al nombre de Mauro y que está obsesionado con capturar al asesino que una y otra vez escapa de sus garras sin dejar rastro. Pero a diferencia de otras narraciones de similares características, en este caso el representante de la ley no jugará un papel relevante en el desarrollo de la trama planteada por el autor. Por el contrario, sí lo jugará Arturo Platt –más conocido por su apodo de “Lokis”-, un periodista de segunda o tercera fila que trabaja en “El Guardián”. La visión que mantienen los ciudadanos respecto a los asesinatos y el tratamiento que Lokis dará a sus informaciones sobre el enigmático asesino múltiple sólo cambiará en un determinado momento, que el lector descubrirá si decide adentrarse en las páginas que siguen a este prólogo; el cinismo, la hipocresía, la manipulación a la que el ciudadano puede ser sometido por los masa media y lo espurio de determinados comportamientos saldrán a la luz en todo su esplendor en ese instante. No es pues de extrañar que su autor califique su obra como de “novela trágica” o “novela social”, utilizando un término más acorde a los tiempos actuales. No obstante este calificativo, en el relato también pueden encontrarse elementos característicos de la “novela negra”, aunque el marco en que se desarrolla la acción no sea el de los ambientes degradados y marginales tan caros a los autores de este género, y los crímenes cometidos por “El Asesino Educado” sean descritos sin la morbosidad de la que se suele hacer gala en este tipo de relatos.

Finalizar diciendo que la obra está escrita en un lenguaje sencillo, sin caer en retórica hueca, por lo que “El Asesino Educado” se lee con agrado de un tirón, enganchando al lector desde el primer momento por el interés del asunto planteado, manteniéndose el suspense hasta el mismo momento en que el punto y final pone término a las andanzas de Eloy Schneider.

 

EL AUTOR

El autor de este libro es Martín Hache. Personalmente le conozco desde hace relativamente poco tiempo. Por el contrario, de sus primeros pasos como escritor tengo noticias hace ya muchos años, cuando todavía era una joven promesa que intentaba ganarse la vida como guionista de historietas. Creo recordar que fue a mediados de los setenta cuando en uno de los números del boletín del barcelonés Club Amigos de la Historieta apareció una entrevista realizada por José María Delhom en el que José Luis y Lluis Miracle (que en aquellos entonces colaboraba con él como dibujante de sus historias) daban sus opiniones sobre el mundillo editorial de la época. En ella se comentaba que el futuro autor de “El Asesino Educado” había comenzado a colaborar en 1973 con la Editorial Bruguera en los guiones de diversos personajes, tales como “El Doctor Cataplasma”, “El Profesor Traganto”, “El Repórter Tribulete”, “Doña Urraca”, etcétera. Que, desde el año siguiente, Producciones Editoriales –la editora de la revista “Star”-, había sido la destinataria de parte de sus guiones y que, junto a Miracle, había participado en el III Certamen de Comics de Gijón con la historieta titulada “La estrella de Dalanh-Rath”. Por cierto, como suplemento a este número, el 8º del Boletín, el Club barcelonés puso a la venta su historieta “Vagabundo”, realizada al alimón con Miracle.

Después, y hasta 1987, se encargaría de realizar guiones de diferente pelaje, tanto para revistas juveniles como destinados a lectores adultos, trabajando junto a Lluis Miracle y otros muchos autores. Revistas tan conocidas como “Butifarra” o “Mata Ratos” publicaron sus escritos por estos años, en los que también recibiría encargos publicitarios y del mundo discográfico. Trabajos que, a partir de 1988 y hasta la actualidad, iba a alternar con otros destinados al mundo audiovisual, realizando múltiples guiones para cine y televisión, normalmente no firmados o realizados con seudónimo.

En 2012 la editorial ponferradina Hontanar editaría “Cuentos de humor, horror y hamor”, en los que hacía gala de su fecunda y desbordante imaginación en una serie de relatos cortos que se presentaban con la impronta común de un efectista surrealismo. Tres años después, ha llegado la hora de “El Asesino Educado”, que espero el lector disfrute tanto como yo lo he hecho con su lectura.

Fernando Bernabón. Valladolid 2015.

 

EL ASESINO EDUCADO.-

CAPITULO I. LOS DIAS GRISES DE ELOY SCHNEIDER

-Schneider…

Eloy despertó de su ensimismamiento y miró al hombre que se acercaba a su mesa.

-La cuenta de Watherman. Es urgente.

El gesto cansino de Eloy hizo sonreír al hombre.

-Ya sabes… siempre a última hora.

Miró su reloj. Faltaban diez minutos para las cinco. Como siempre, sólo tenía ganas de salir.

-Hoy no puedo quedarme más rato.

El hombre se encogió de hombros.

-Eso díselo a Migrand.

Eloy vio alejarse a su compañero. Cogió el teléfono que tenía a su derecha y marcó un número interior.

-¿Señor Migrand? Schneider… ¿A qué hora quiere mañana la cuenta de Watherman?

A medida que escuchaba las palabras de su jefe, Eloy fue cambiando de expresión. El fastidio hizo presa en él. Cuando quiso protestar, las palabras que le salieron no fueron las que pensó.

-Claro, señor Migrand. Ningún problema. En un par de horas lo termino.

Colgó el auricular controlando su rabia. Mientras hablaba para sí, era observado por sus compañeros de despacho con una sonrisa cómplice. “Siempre le toca a Schneider”, “de bueno que es, es tonto” y otros comentarios que él siempre había adivinado.

-¡Siempre igual! ¡Estoy hasta las narices! ¿Es que siempre me tiene que tocar a mí? ¡Un día le voy a decir todo lo que pienso!

-¡Hasta mañana, Schneider!

-¡Que te diviertas!

-¡No trabajes mucho!

En un santiamén, la oficina quedó desierta, a excepción de Eloy. Éste cogió de nuevo el auricular y apretó la tecla de la línea exterior.

-¿La señorita Miriam López?… Gracias.

Esperó unos segundos.

-¿Miriam? Hola cariño. Habíamos quedado a las ocho…

La voy de Miriam no le dejó seguir. Eloy se fue poniendo nervioso.

-No puedo… Sí, lo sé, pero… Una cuenta urgente… No, no pueden esperar… ¿Qué quieres que te diga? Me ha tocado a mí. Sí, ya sé; siempre me toca a mí…

Iba a decir algo más pero la chica ya había colgado. Dejó el auricular y cogió el expediente de Watherman.

Mientras hacía de forma mecánica su trabajo, su mente no cesaba de llevarle por otros derroteros.

-Pienso demasiado en los demás. El mundo no funciona así. La gente no se preocupa más que de sí misma. Ya no existen personas educadas como yo. No tenemos sitio. O nos convertimos en seres groseros y despreocupados o estamos condenados a desaparecer.

No se dio cuenta de que el trabajo ya estaba hecho. Al notarlo lo repasó pensando que habría cometido algún error. No era su costumbre trabajar descuidadamente. Pero no había equivocación alguna. Llevaba tanto tiempo haciendo lo mismo que dominaba la mecánica totalmente. Satisfecho consigo mismo miró el reloj. Las siete y diez. Recogió el expediente de Watherman y se encaminó al despacho del jefe. Llamó suavemente a la puerta.

-Adelante.

Dejó el cartapacio sobre la mesa de Migrand. Éste levantó la cabeza y sonrió a su empleado.

-Gracias, Schneider. Siento haberle entretenido.

-No se preocupe, señor Migrand.

Migrand revisó en un momento la cuenta de Watherman. Asintió con la cabeza y volvió a mirar a su empleado.

-Perfecto. Nos debe trescientas veinticinco mil.

-Con Watherman nunca hay problema.

Migrand puso el visto bueno a la cuenta y cerró el expediente. Lo dejó a un lado de la mesa.

-¿Cómo está la cuenta de Schwarz?

Eloy contestó tras unos instantes de titubeo.

-La terminaré mañana por la mañana.

-No. –Contestó el jefe-. Recuerde que mañana le toca revisión.

Eloy hizo un gesto que demostraba que no se había acordado de la rutinaria revisión médica anual de los empleados de la empresa.

-Es verdad. No me acordaba.

-No importa. Hasta el viernes no hay prisa. ¿Cómo calcula que estamos?

-Supongo que casi a cero. Quizá le debamos nosotros algo.

-Bien. Entonces todo está en orden. Puede marcharse si quiere, Schneider.

Eloy sonrió tras asentir con la cabeza.

-Entonces hasta maña… pasado mañana, señor Migrand.

-Adiós.

Cuando salió a la calle tras saludar al conserje, Eloy aspiró el aire enrarecido de la ciudad con todas sus fuerzas, como si no hubiera respirado en mucho tiempo. Se colocó la chaqueta y se encaminó hacia el centro, hacia la cafetería “Moby Dick”, donde normalmente se encontraba con Miriam. Aunque no estaba muy seguro de si ese día iba a encontrarla después de su conversación telefónica con la mujer.

El interior de la cafetería estaba lleno de gente que charlaba animadamente. Eloy notó el calor agradable del interior, en contraposición con el clima húmedo y frío de las solitarias calles. Echó un rápido vistazo y descubrió enseguida, en un rincón, a Miriam sentada en una mesa de cuatro y acompañada por una pareja de compañeros de su trabajo. Se acercó a la barra donde estaba el camarero de mesas y pidió una cerveza, antes de dirigirse hacia sus conocidos.

-Buenas noches.

Los compañeros de Miriam le devolvieron el saludo con una sonrisa, mientras la chica le saludaba con voz fría. Se sentó en la silla situada a la derecha de Miriam.

-¿Has terminado tu trabajo especial?

-Sí. Ya está. –Eloy decidió contestar como si no hubiera pasado nada. Le horrorizaban las situaciones tensas.

Cuando había dado cuenta de dos cervezas, decidieron marcharse. Pagó la cuenta uno de los compañeros de Miriam y, ya en la calle, se despidieron las dos parejas. Miriam y Eloy se fueron paseando hacia la casa de él.

-¿Has sabido algo de tu hijo? –preguntó Eloy.

-Sí. Está en Johannesburgo. Creo que mañana o pasado empezará a hacer fotos. En cuanto llegue su compañero.

Siguieron caminando sin hablar, hasta que entraron en el portal. Eloy pensó que las cosas volvían a estar como siempre.

Después de cenar algo rápido, se fueron a la cama. Miriam estaba acostada cuando Eloy terminó de ducharse. Al tumbarse junto a ella, Eloy le acarició el pecho desnudo.

-Estoy un poco cansada. ¿Te importa que durmamos?

Eloy se apartó con suavidad y apagó la luz. Enseguida notó que la respiración de Miriam se tornaba pausada y profunda y comprendió que se había dormido. Él, por su parte, pensó en encender un cigarrillo, pero decidió no hacerlo por si molestaba el sueño de la chica.

Se quedó pensando, boca arriba, en la cuenta de Watherman, en la de Schwarz, en el señor Migrand, en la revisión médica del día siguiente y en cualquier cosa que no fuera el cuerpo desnudo de mujer que tenía a su lado. Pensando en todo ello se durmió.